Edad Media: El Decaimiento de la Estética.

20:09 By Tanya Rodrigues 0 Comments

La mujer de la Edad Media sopor tó las consecuencias de una
época caracter izada por la aus ter idad, las frecuentes guer ras
y las grandes epidemias.
El cuidado de la belleza res urge, s in embargo, en los siglos
XI al XI I I al organizar se en Occidente las Cruzadas par a
recuperar los llamados “Santos Lugares”, entonces en
manos de los musulmanes .
Es tas guer ras or iginaron contacto e intercambios con otras
culturas y consecuentemente s e introdujeron nuevas
técnicas sobre afeites y cosmética que suplieron las ya
exis tentes en Europa. La nobleza, en es te per iodo, s e
recluye en sus cas tillos . Son los vendedores ambulantes de
bálsamos , ar tículos de tocador e hierbas medicinales , que
van de cas tillo en cas tillo vendiendo sus productos, quienes
conservarán y renovarán los secretos de la cosmética. És tos
s e guardan en la “muñeca para adornar se”, nombre que s e
le daba al tocador . El tocador medieval er a un hermos o y
complicado mueble, lleno de cajones y espejos que, al es tar
cer rados , daban al tocador la apar iencia de un escr itor io.
Durante los pr imeros siglos de la Edad Media los nobles no
descuidaban la higiene per sonal. En las ciudades , los baños
públicos eran vis itados con frecuencias por és tos, mientras
que en los cas tillos las damas s e bañaban en agua fr ía
per fumada con hierbas aromáticas .
Pero a medida que la Edad Media avanza, es tas cos tumbres
s e van olvidando. Los per fumes de fuer te olor sus tituirán
poco a poco a la más mínima higiene corporal.
El Renacimiento: Nuevo Resurgir de la Es tética.
A la Edad Media le sucede el Renacimiento, época en la que
los valores es téticos toman un nuevo impulso, olvidados
desde Grecia y Roma.
La sens ibilidad por el ar te, la filosofía y la cultur a en general,
adquieren en el Renacimiento una impor tancia clave. Es el
momento del florecimiento del ar te italiano, de los mecenas,
de la concepción filosófica del hombre como “hombre- total”,
s in especializaciones .
La es tética, en todos los campos creativos, llega a cotas
refinadís imas . La belleza lo abarcar á todo y por tanto la
es tética femenina formar á también par te de es ta armonía
que envuelve la vida de la I talia renacentis ta.
Es te país s e conver tir á en el centro europeo de la elegancia.
Las nuevas propues tas de la moda, la belleza y la es tética
salen de I talia par a influir en las cor tes de Europa.
En el s iglo XVI los monjes de S anta Mar ía Novella, en
Florencia, crean el pr imer gran laborator io de productos
cosméticos y medicinales .
El ideal de belleza de mujeres nobles italianas cons is tía en
tener un cuerpo de formas muy curvadas , la frente alta y
despejada, s in apenas cejas y la piel blanquecina.
T ener el pelo rubio er a s inónimo de buen gus to y par a
conseguir lo mezclaban los extractos más inverosímiles .
Los pr imeros tratados de belleza y cosmética aparecieron en
Francia e I talia durante es tos siglos . En 1573, en Par is , sale
el libr o “I ns trucciones par a las Damas Jóvenes” y en I talia el
libro de Catalina de S for za “Exper imentos ”. En es te libro
encontramos toda clas e de recetas cosméticas y per fumer ía,
escr itos sobre maquillaje, par a cor regir defectos del cuerpo
e inclus o reconciliar matr imonios.
En el s iglo XVI Catalina de Médicis , interesada por todo lo
referente a la es tética, dedico gran par te de s u tiempo al
es tudio de ungüentos y combinaciones de cremas . Más
tarde, al conver tir s e en reina de Francia, llevo cons igo a los
mejores especialis tas en per fumes de Florencia, quienes s e
impus ieron en el ar te de la per fumer ía.
Fue precisamente una de sus más íntimas amigas quien
ins taló en Par is el pr imer I ns tituto de Belleza. A pesar de los
cambios producidos , todavía la higiene per sonal dejaba
mucho que desear . Las memor ias personales de los nobles
de la época relatan cómo la reina Margar ita de Valois le
resultaba dificilís imo peinar s e por lo enredado que tenía el
cabello a falta de hacer lo más a menudo; o cómo s e lavaba
las manos una vez por semana.

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